Escultura es... cultura

José Antonio Abella en su taller con el mastín del Monumento a la Trashumancia (2000).
J.A. Abella en su taller junto al mastín del Monumento a la Trashumancia (2000)

El título de esta sección, Escultura es... cultura, está tomado de la antigua página web de José Antonio Abella, que se encuentra parcialmente diponible en The Way Back Machine del Archivo de Internet. Una parte del contenido de este sitio –como los comentarios del autor sobre algunas de sus piezas– está extraido directamente de allí.

Para la organización del presente catálogo escultórico digital (en proceso de construcción) hemos clasificado su obra en cuatro categorías, siguiendo la denominación que el propio Abella plasmó en la mencionada página web:

Con la excepción de la cuarta categoría, esta distribución se basa en los materiales constructivos empleados por el autor. Las tres primeras llevan el nombre de las Tres edades prehistóricas (con el orden cambiado entre la segunda y la tercera) y coinciden, con algún que otro salto en la cronología, con tres etapas diferenciadas en la producción artística de José Antonio Abella:

La cuarta categoría, Arquitecturas imaginarias, comprende las obras de mayores dimensiones y de carácter más conceptual del autor, así como proyectos de esculturas de gran tamaño para espacios públicos.

José Antonio Abella Ca. 2008 soldando una de sus esculturas.
José Antonio Abella (Ca. 2008)

Estilo

Aunque siempre huyó, por simplificadoras, de las definiciones, el estilo escultórico de José Antonio Abella podría definirse como vitalismo poético. En su opinión y palabras, «gran parte del arte del siglo XX muestra una disociación entre el artista y la realidad social representada por el espectador. Obras que han cavado un foso entre los ojos y el corazón despierto, el cerebro emocional. No se trata de la superada lucha entre lo concreto y lo abstracto, sino entre la emoción gozosa de la contemplación y la perplejidad experimentada (con demasiada frecuencia) ante la pirueta vacía, la provocación sin objetivo, la novedad como valor absoluto». Quizá por eso, admiraba la escultura Shona de Zimbabue, y encontraba fascinante la respuesta que Damian Manuhwua, uno de sus principales exponentes, diera al ser preguntado por ciertas enormes y famosas esculturas minimalistas en Estados Unidos: «Creo que podría hacer unas buenas esculturas de estas piedras».

Más allá de la escultura de los Shona, entre sus principales referentes artísticos podemos citar a autores tan distintos como Henry Moore, del que era un gran admirador, Constantin Brâncuși, Baltasar Lobo, Alberto Giacometti o Alexander Calder, entre otros, lo que dota a su producción escultórica de un cierto eclecticismo. Asimismo, hay que destacar la honda influencia que su gran amigo Covatelo (Lorenzo Coullaut-Valera Terroba) ejerció en su forma de ver y concebir la escultura. [Véase la serie Craneos postnucleares, dentro de La edad del hierro.]

José Antonio Abella, Emilio Zaldívar y Lorenzo Coullaut-Valera (1992)
Abella, Zaldívar y Covatelo (1992)

Para Abella la escultura fue una de las maneras de relacionarse, casi como un artesano, con la materia del mundo, entendida en sentido amplio, porque no se limitó a indagar sobre un solo material, sino que prefirió probarlos todos. La piedra, la madera, el hierro, de la humilde chatarra al nobilísimo bronce, todos los materiales han pasado por sus manos, y todos, en su opinión, «precisan ser trabajados de una forma distinta, libre, cada uno te está pidiendo que te acerques a él de una manera determinada» (entrevista de José Antonio Gómez Municio en El Norte de Castilla, Edición Segovia, 7 de marzo de 1999, p. 10). De ahí que los resultados sean muy distintos formalmente, y que, puestas sus obras unas junto a otras parecen ser fruto de varios autores: acumulaciones de objetos metálicos formando divertidos rostros de chatarras, piedras talladas y bien pulidas, monumentos abstractos a la manera de antiguos templos y bronces de distintos tamaños en torno a la figura humana conviviendo con metafísicos hombres que buscan su imagen reflejada en un pozo...

«Me parece que encasillarse es peligroso en todo, pero especialmente en el mundo del arte. Por eso me gusta cambiar». También por eso sus influencias son múltiples, inevitables y asumidas. «Yo vivo en mi momento histórico, y ahora está todo cerca. Tenemos acceso a exposiciones, a libros, a mucha información... No se puede decir que uno es autodidacta a estas alturas». (Ibídem.)

Componente literario

Al contrario que otros artistas, nunca ha negado que haya un importante componente literario en su obra. Pero este afán no llega al extremo del arte contemporáneo último, que busca su razón de ser o su explicación en una construcción teórica paralela a la obra de arte. No en vano, José Antonio Abella consideraba que el arte se encuentra en un momento especialmente delicado, en una encrucijada donde está cayendo del lado del efectismo. «El único valor que existe en el arte es la novedad. Es un valor que es común a toda la sociedad: se valora lo nuevo en todo, también en el arte, lo que desemboca en el efectismo. No se valora la obra consolidada, la que se ha madurado». Así, en su opinión, la obra que precisa de una apoyatura verbal no posee un contenido claro. «Hay en esa obra algo ficticio, y la generalización de esa postura ha provocado una fractura importante entre el espectador y el arte, que debería preocupar a los propios artistas». (Ibídem.)


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Exposiciones y obra pública